Nuestro más reciente encuentro de Ágape fue literalmente un espacio para dejar ir.
Nos reunimos para compartir, conversar sin afán y preguntarnos ¿qué palabras ya no nos representan como Fundación? Esas expresiones que a veces repetimos por costumbre, pero que no conectan con el tono, la energía y la manera en la que realmente queremos relacionarnos.
Escribimos esas palabras, las reflexionamos, las atamos en mini muñecos de año viejo y las quemamos. Un gesto sencillo, pero cargado de intención. Fue una manera de decir: esto ya no va con nosotros.
También nos dimos el permiso de proponer. Pensamos en nuevas palabras para reemplazarlas, en términos que sí reflejan quiénes somos hoy, cómo queremos comunicarnos y qué tipo de cultura queremos seguir construyendo.
Estas palabras las sembramos en un árbol, para que comiencen a florecer en nosotros.
Lo demás fue compartir unas deliciosas viandas que cada uno llevó para disfrutar en comunidad.
Las palabras quemadas y las nuevas sembradas
- Quemamos “doctor” y sembramos “llamar a las personas por el nombre”.
- Quemamos “entregar el cheque” y sembramos “aportar a un proyecto”.
- Quemamos “beneficiarios” y sembramos “participantes”.
- Quemamos “área” y sembramos “equipos de trabajo”.
- Quemamos “funcionario” y sembramos “colaborador, compañero o partner”.
- Quemamos “impecables” y sembramos “flexibles y orientados al aprendizaje”.
- Quemamos “personas impactadas” y sembramos “participantes, comunidad involucrada o cocreadores”.
- Quemamos “código de vestuario” y sembramos “ser tú mismo (flexibilidad)”.
- Quemamos “competir” y sembramos “colaborar”.
- Quemamos “miopía intertemporal” y sembramos “pensar en el mediano y largo plazo”.
- Quemamos “ansiedad de hacer las cosas bien” y sembramos “serenidad”.






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